De la bitácora de Juan Cruz:
Siempre viajo con la radio. Marcó mi vida, es una compañera que siempre alerta y siempre relaja; te da noticias, música, te transporta a otro mundo y te hace prolongar la experiencia de otras vidas. La primera vez que conocí a alguien en persona que además era una voz de la radio fue a Fernando Delgado, que entonces debía tener quince años, iba en pantalón corto, se examinaba conmigo de quinto de bachillerato en el Instituto viejo de Santa Cruz de Tenerife y ya actuaba como locutor en Radio Juventud de Canarias. Después de conocerle le escuché aún más en la radio; su carrera ha sido dilatada, en la radio, en la televisión y en la literatura. El otro personaje de la radio que conocí muy pronto, y que ya escuchaba en las ondas, fue a Eduardo Sotillos. Entonces él hacía, en Radio Nacional, el programa Para vosotros jóvenes, que yo escuchaba a diario, y vino a Tenerife y a El Hierro de enviado especial para cubrir un viaje de los que ahora son Reyes de España y que entonces eran Príncipes de España. Recuerdo que bajando de un helicóptero a Sotillos se le rompió un pantalón, el único que traía en el viaje. Los dos han seguido, en los medios, trayectorias paralelas: los dos, por ejemplo, fueron directores de Radio Nacional y los dos han estado al frente de telediarios de Televisión Española. La vida profesional los condujo a la cadena SER, donde han llevado a cabo distintas tareas, que ahora han confluido, casualidades de la vida, en un paralelismo más: Sotillos ofrecía antes de medianoche la lectura de la prensa en Hora 25, con Angels Barceló, donde Fernando era contertulio. Y ahora se va Sotillos, a la Federación Socialista Madrileña, donde será director de Comunicación y Estrategia, y miren por donde le sustituye Fernando Delgado haciendo la misma tarea, poner en perspectiva lo que dirán los periódicos del día siguiente. Para mí son voces fundamentales de la radio y por tanto de mi vida, así que les debo gratitud y cariño, como a tantos profesionales de este medio sin el cual despertar sería un desastre.
