Mata–Sari

En algún momento del libro escrito por la doctora Gloria López Morales se lee: “Desde el momento en que a Fox le colocaron la banda presidencial en la ceremonia de toma de posesión, los que trabajan con la cultura en el ámbito oficial no han visto la suya”. El libro Matasari (Grijalbo, 2006) es una larga exposición de esa idea, padecida por quien fuera titular de la oficina de Patrimonio Cultural, Desarrollo y Turismo de Conaculta en el sexenio que está por concluir.

No es para menos. Durante su estancia en Conaculta, la doctora López Morales vio menospreciadas sus iniciativas y acotada su libertad de acción, particularmente la de inscribir la cocina mexicana en la lista del patrimonio cultural de la humanidad.

Si, como ella afirma, la iniciativa hubiera contado con el apoyo firme del gobierno federal, hoy celebraríamos el acontecimiento. De acuerdo con el testimonio de López Morales, la titular del Conaculta impidió activamente el éxito de la iniciativa, al debilitar los canales de cabildeo con la Unesco y sembrar la intriga entre los funcionarios federales encargados de subrayar la importancia de la cocina mexicana en el concierto internacional.

A sus juicios y acusaciones en contra de la titular del Conaculta, López Morales añade la presunta complicidad en el espionaje telefónico, a través de un oscuro Fernando León Olea, en contra de los servidores públicos de la dependencia federal, y el despido injustificado de Francisco López Morales, titular de la oficina de Patrimonio Mundial del INAH, a causa de la animadversión de Sari Bermúdez hacia la doctora López Morales.

Desde luego que como lector no podría suscribir ninguno de los juicios de la autora, básicamente porque se refieren a hechos que están acreditados en instancias judiciales no detallados en el libro. Pero tampoco podría estar de acuerdo en que los juicios de la doctora López Morales son inverosímiles, básicamente porque provienen de quien ha decidido apostar su prestigio profesional en contra de un estilo personal de violentar la función pública. Los indicios que la doctora López Morales ofrece en 216 páginas son contundentes.

La administración de Sari Bermúdez al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes podrá juzgarse mejor con la perspectiva del tiempo. Si fue omisa, así fuere por la frívola ignorancia sobre un tema sustancial para el desarrollo del país, la Nación se lo demandará. Estoy seguro.

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