Tradición y poesía

He tenido la fortuna de escuchar el demo el nuevo disco del Octeto Vocal del IMC, cuyo título, Barroco, ensayo y conjugación, es un abierto homenaje a la obra del pintor mexicano Benjamín Domínguez, no sólo porque proviene del título de una serie del artista —expuesta en el Museo de Arte Moderno del Estado de México en 2004—, sino porque la obra plástica del maestro es paralela a la aspiración del grupo coral en este disco: el reconocimiento de la tradición que sustenta y da sentido al gran arte de nuestros días.

Alfredo Elías López, director del grupo, afirma que quería grabar este disco desde hace años, deseaba incluso que fuera el primero del Octeto Vocal. Creo entender por qué. El disco es un exquisito recorrido de 14 piezas por la música escrita para coro desde el siglo XV hasta nuestros días. Repasa el ¡Cucú! ¡Cucú! del poeta, dramaturgo y compositor Juan del Encina (1464–1523) y la famosa ensalada La Bomba del catalán Mateo Flecha (1481–1553), para aterrizar en Tres canciones de amor, del valenciano Manuel Oltra (1922), basadas en poemas de Federico García Lorca, y una bellísima composición del mexicano Jorge Córdoba (1953), titulada Siete haikús, sobre textos de Shiki, Moritake, Buson y Basho.

Honrar la tradición. ¿De qué otra manera puede entenderse el hecho de que en este disco convivan las palabras de los maestros del haikú y de Charles d’Orleáns, García Lorca, Rafael Alberti y Jaime Sabines, con la música de Mendelssohn, Morley, De Prés, Debussy, Kodaly y Jiménez Mabarak? Honrar la tradición es signo de humildad, pero también de grandeza. Reconocimiento de lo que nos une y lo que nos separa, “reconciliación con el gran todo y con los otros”, escribió el mexicano Octavio Paz (1914–1988).

En la línea del tiempo, las piezas que componen este disco tienen el común denominador de haber sido compuestas especialmente para la voz, a partir de textos de amplias resonancias tanto lingüísticas —no discutiré la valía literaria— cuanto sonoras, que serán obvias para quienes tengan la dicha de escuchar este disco.

Al disfrutarlo, reconocí que la voz es el instrumento privilegiado del homo ludens de hoy y de siempre. Recuerdo el pensamiento dictado por Henrik Ibsen hacia 1871: “La prosa es sólo para ideas; el verso, para visiones”. Ay, este disco es verso puro.

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