Carta Cultural Iberoamericana

En Uruguay, en los primeros días de noviembre de este año, la XVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno produjo la Carta Cultural Iberoamericana, un documento que afianza el propósito de convergencia de la Cumbre, sustentada “no sólo en un acervo cultural común sino, asimismo, en la riqueza de nuestros orígenes y de su expresión plural”, cita el preámbulo.

El documento se había presentado ya en julio de este año, en el marco de la XI Conferencia Iberoamericana de Cultura, celebrada en Montevideo, Uruguay. Aunque el tema ha pasado inadvertido en México, la Carta Cultural Iberoamericana contiene principios y compromisos que valdría la pena discutir.

Primero: el ejercicio de la cultura es un elemento básico para la cohesión y la inclusión social, porque es una dimensión de la ciudadanía. Entendida como la expresión de las identidades organizadoras de territorios y de mundos simbólicos, identidades inseparables de su patrimonio y del medio en que son creados los bienes u obras humanas, la cultura es vista hoy como una dimensión complementaria del quehacer social. La Carta reafirma que las actividades, bienes y servicios culturales son portadores de valores y contenidos de carácter simbólico que preceden y superan la dimensión estrictamente económica.

Segundo: la cultura es base indispensable para la superación de la pobreza y de la desigualdad. En la misma línea de pensamiento, la Carta confirma que las acciones en favor del desarrollo integral del ser humano pasan por el fomento al desarrollo cultural, el fortalecimiento de las identidades colectivas y la promoción del arte. La pobreza es un fenómeno tan complejo, que abarca todas las dimensiones del desarrollo humano. El ejercicio de la cultura genera confianza y autoestima no sólo a los individuos, sino también a las comunidades y naciones a las cuales pertenecen.

Tercero: los derechos culturales de la sociedad deben ser entendidos como derechos de carácter fundamental según los principios de universalidad, indivisibilidad e interdependencia. Estos derechos son la base de la plena ciudadanía —otro concepto de gran actualidad— y hacen de los individuos, en el colectivo social, los protagonistas del quehacer en el campo de la cultura.

La Carta Cultural Iberoamericana condensa varios principios relativos a la participación, la solidaridad, la equidad y la transversalidad. Es deseable que a partir de esta Carta, en México el gobierno federal aplique estos principios y despliegue una política cultural integradora, plural y diversa, como lo es el país. No otro deseo se puede albergar, pues México es signatario de esta Carta, aunque no sea su principal impulsor, desgraciadamente.

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