Impredecibles

Es predecible que los diputados federales no se pongan de acuerdo en el dinero que el Programa Nacional de Cultura podrá ejercer durante 2007. Es predecible que aprueben en lo general la iniciativa del Presidente porque no tienen argumentos sólidos qué oponer.

No soy, desde luego, partidario de la medida propuesta por el Ejecutivo federal; es deber del Legislativo aumentar los presupuestos a la cultura en todos sus ámbitos, pero con una visión integral de largo alcance, que abarque desde la educación artística en niveles básicos hasta los estímulos a la creación.

Quiero ser realista. De 1995 a 2005, la tasa de crecimiento de los recursos financieros para el desarrollo del sector fue de 14 puntos, aunque sólo de 5.9 en el periodo 2000–2005. Durante el sexenio de Fox, los volúmenes de inversión en el sector crecieron menos que en los cinco años previos, aunque se mantuvieron en un estándar mínimo ascendente.

Esos aumentos fueron, en realidad, invisibles pérdidas, dado que no se ajustaron al crecimiento social, de ahí que sus efectos alcancen a diversos programas; por ejemplo, en diez años se redujo a la mitad el presupuesto anual del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes destinado al fomento a la lectura, la producción editorial y los estímulos a la creación artística (Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, 2005).


El proyecto de Presupuesto de Egresos 2007 destina 6,263 millones de pesos para el Programa Nacional de Cultura, de los cuales 65 por ciento sería para Servicios Personales. De lograr un aumento, el sector Cultura alcanzará apenas a restablecer su nivel de inversión de años recientes, que es deficitario, pero me pregunto si con ello se satisface la necesidad de articular una política pública integral en la materia. Además del presupuesto, tiene que aprobarse un marco jurídico que regule el papel del Conaculta en relación con el INBAL y el INAH; reglas de operación en la materia para la asignación de recursos a las entidades federativas, y mecanismos de participación real de las regiones del país en el diseño y evaluación del Programa Nacional de Cultura.


El presupuesto, sea poco o mucho, debe ser bien administrado; ahí está el reto del nuevo presidente del Conaculta, quien se precia de ser disciplinado. Sin embargo, tengo para mí que el desarrollo del sector Cultura aún tiene un amplio catálogo de acciones que los 29 diputados federales de la Comisión de Cultura deben emprender antes de decirse satisfechos. Que cumplan, eso sí que es impredecible.

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