A la salud poética de Elsa Cross

Elsa Cross. Foto de Eunice Chao

En la víspera de cumplir 61 años, la poeta mexicana Elsa Cross (1946) goza de cabal salud poética, para bien de la poesía mexicana; hoy se ha dado a conocer que ella es la ganadora del V Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe, que será entregado en octubre próximo, en el marco del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, en Morelia, Michoacán, México. Cito el despacho de Notimex:

El nombre del ganador del premio que se otorga cada año, de manera alternada, a un poeta vivo quebequense y otro mexicano, fue dado a conocer hoy [5 de marzo] en la librería Octavio Paz, del Fondo de Cultura Económica (FCE), en esta capital.”El FCE detalló que el galardón consiste en 50 mil pesos y la edición de un disco con la voz del autor, que en México aparece bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.

”En el acto estuvieron presentes Luis Estrada, presidente del Seminario de Cultura Mexicana; Mónica Beltrán Brozón, directora adjunta de literatura de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem); Gastón Bellemare, director de la editorial Ecrits Des Forges, y Joaquín Díez-Canedo, gerente editorial del FCE.

”Cabe señalar que el jurado quebequense estuvo integrado por Jean Marc Desgent, Claude Beausoleil y Gaston Bellemar.

”Instituido por el Seminario de Cultura Mexicana, la editorial quebequense Ecrits des Forges y la Sogem el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe reconoce a lo mejor de la producción poética de Québec y México.”

El despacho informa también que el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe ha sido entregado a los poetas Alí Chumacero (1918), Claude Beausoleil (1948), Eduardo Lizalde (1929) y Jean Marc Desgent (1951).

Elsa Cross es autora de un hermoso poema, “Asalto”, dedicado al Subcomandante Marcos. Una provocación para los lectores que no simpatizan con el personaje: ¿puede un poema publicado someterse a las intenciones de su autor?

Asalto

para el Subcomandante Marcos

Por tus pies
y sus desgarraduras
bajo el agua que los limpia
de lodo y hojas machacadas;
por tus talones
y el punto vulnerable
                       —paso que se resbala
                                               y precipita—
                       ah solitario,
                       tanto silencio
                       te agolpa en el pensamiento
                                              el deseo de llegar;
por tus pasos detenidos en cautela
                                   —y el miedo como termita
                       masticando por dentro tu costado;
por tus pasos en vilo,
tanteando las hojas que crujen
                       —y una parvada de loros asustadizos
                                                                                te delata
                       y desata sobre tus hombros
                                                                     la parvada del miedo,
                       y oyes a contrafuego otros pasos de dolo;
por tus piernas
y el músculo que tensan
al bajar las cañadas,
al sostener el salto y la carrera,
por tus brazos
                       y el arma que sostienen,
por tu pecho
                       pasan
                                              las voces en enjambre.

Y a la noche no descansas
cuando el pajuil no descansa tampoco.
Un pensamiento
asedia la hamaca donde duermes,
                                              el mismo pensamiento
que vuelve a comenzar y desemboca
en los rumbos sin camino
                                              —cruz sin respuesta.

Sueños heridos,
y a cambio de tus sueños
recibes
           picaduras abiertas,
el zumbar de un veneno en la sangre.

II

Bajo la luna,
redes delgadísimas de savia.

La noche se vuelve filamentos.

Entre el grito del búho
y el silencio tendido hacia los sueños,
                                                      se oye el alcaraván
rompiendo las membranas
                                              que detienen su vuelo.

Por un hilo de luna desciendes.
La placidez asoma
a tus labios como moras.

Y otro grito te jala desde el sueño,
                                              hacia el salto en alerta.

III

En la sombra del mercado,
entre pirámides de frutas
salta de pronto
                       el pensamiento,
rompe sus líneas
                       como líneas de fuego;
se vuelve muchos,
se estira,
extiende las puntas de los dedos,
                                              el ojo de la antena.

Salta
y no hay suelo en que caer,
hasta que plantas como una estaca
                                                                     la certeza.

Allí,
entero tu pensamiento,
                                              tu fuerza entera
                       se erizan
como una piel amenazada,
como una piel que desea,
como una piel que alcanza
                                              y alza hasta su cresta
el rápido secreteo de sus poros.

Brillan tus ojos:
                                              relámpago en el lago.

10 de marzo de 1994

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