Renacer de la crítica

De Comitán a JerusalénMargarita Tapia Arizmendi y Luz Elena Zamudio coordinaron la edición multiautoral Rosario Castellanos. De Comitán a Jerusalén, publicado en 2006 con el apoyo del Conaculta–Fonca, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Autónoma del Estado de México y la editorial independiente Bonobos Editores, en la colección Desbordar el Canon. 

El esfuerzo es aplaudible porque significa un esfuerzo editorial que va más allá de la publicación: significa la apertura de una colección de títulos encaminados a reflexionar con el apoyo de la crítica y de la teoría literarias, sobre la obra de los escritores mexicanos más significativos. Nos quejamos de la ausencia de crítica y de críticos literarios: aquí hay una muestra de que actualmente se hace y se publica la reflexión sobre la literatura. ¿Desde hace cuándo no sucedía esto en el Estado de México? 

Margarita Tapia leyó el siguiente texto durante la presentación que realizara en abril, en la ciudad de Toluca. Lo publico aquí por su valor crítico, pero sobre todo porque es el primero de muchos, espero, que habremos de conocer de la crítica literaria que ese hace en el Estado de México. Originalmente fue publicado por el diario Milenio Estado de México este sábado 21 de abril. 

Rosario Castellanos: sus renacimientos 

Margarita Tapia Arizmendi 

La escritora “nació y murió de viaje”. Para que ella llegara al mundo, el 25 de mayo de 1925, su madre, doña Adriana Figueroa, tuvo que viajar desde Comitán, Chiapas, a la Ciudad de México. Años más tarde, Castellanos reflexiona sobre su nacimiento y en tono irónico nos dice que la mayoría de las personas se conforma con nacer una sola vez, ya que el nacimiento es un acto que requiere mucho esfuerzo, trabajo e incomodidades, pero que ella pertenece al grupo minoritario que piensa que el acto de nacer es tan maravilloso que “valía la pena que se repitiera. Aparte de que la repetición podía traer la remota esperanza del perfeccionamiento” (p. 220). (Todas las citas de Rosario Castellanos están tomadas de El uso de la palabra. Prólogo de José Emilio Pacheco. Ediciones de Excélsior–Crónicas. México, 1974. Después de la cita aparecerá el número de página.)

Y luego agrega: “Pues en mi caso particular mi primera aparición en el mundo fue más bien decepcionante para los espectadores, lo cual, como era de esperarse, me produjo una frustración. Por lo pronto, yo no era un niño (que es lo que llena de regocijo a las familias), sino una niña. Roja y berreante en los días iniciales, pataleadota y sonriente en los que siguieron, no alcanzaba yo a justificar mi existencia ya no digamos con alguna virtud como la belleza o la gracia, pero ni siquiera con el parecido a algún antepasado de esos que, como dejan herencia, son siempre recordados entre suspiros” (p. 220).

Como las cosas que hacen los niños para ser tomados en cuenta no le resultaron, ensayó otros caminos, así fue como a los diez años escribió y publicó sus primeros versos, que recoge Luz Elena Zamudio en su texto Pasaporte a la poesía de Rosario Castellanos, y que dicen: “‘Me gusta leer Paquín porque sale Rin-tin-tin’, que hace referencia a la revista infantil que lo sacó a la luz y donde ella leía las aventuras del protagonista que la entusiasmaba” (2006: 15). 

He aquí su primer renacimiento, que será la primicia de una vasta obra poética, reunida bajo el título Poesía no eres tú. De su obra poética, Zamudio, que realiza una selección que guarda un orden cronológico y que, en su opinión, permite distinguir la evolución de la poeta, advierte que, en un momento dado, Rosario Castellanos “se aparta de la expresión majestuosa y no se interesa por ese mundo como totalidad inasible, sino por las cosas que lo integran aunque parezcan simples…” (p. 22).

Luego vino la Reforma Agraria; su familia perdió la mayor parte de sus propiedades, que pasaron a manos de los indios en Chiapas; Rosario ya tenía 16 años y esta nueva situación hace que ella justifique la necesidad de estudiar; así regresó a la Ciudad de México. Después, al hacer un balance “entre las dos formas de vida (la que Cárdenas hizo imposible y la que Cárdenas hizo posible)”, dice en el artículo periodístico “El hombre del destino” no saber cuál hubiera sido más feliz o más exenta de sobresaltos, “pero sí sé que la que tuve fue la más responsable, la más plena y la más humana. Y sé también a quien tengo que agradecérselo” (p. 208). 

Y es así que la escritora nació de nuevo porque concluida la preparatoria se inscribió en la UNAM, en la Facultad de Filosofía y Letras; allí conoció a Ricardo Guerra, el que sería el amor de su vida, y a su gran amiga Dolores Castro (también poeta), con quien realiza un viaje a Europa. Con una interesante entrevista se cierra este libro; en ella Dolores Castro recordó momentos saturados de humor y circunstancias trascendentes en la vida de ambas escritoras. Yo tengo un ensayo sobre las epístolas que Rosario Castellanos le mandó a Ricardo Guerra:

“Las cartas muestran a una mujer altamente sensible, aunque su forma de amar pueda calificarse como patológica, por su carácter alienante; sin embargo, Rosario tenía otra obsesión: convertirse en escritora, y lo consiguió. Así, sumergirse en este libro nos permite saber del entusiasmo, la disciplina, la responsabilidad, la esperanza, el dolor, el fracaso… de todo el ser de Rosario Castellanos. Modo de ser, en parte compartido, por filiación de género y/o por naturaleza humana” (Tapia, 2006: 71).

Y desde luego, durante su estancia en la UNAM, Castellanos obtuvo el grado de maestra en filosofía; ya desde esa temprana etapa se advertía el interés por el rol cultural desempeñado por las mujeres. Así, Rosario realizó una tesis sobre cultura femenina, texto que Blanca L. Ansoleaga toma como base para escribir Ser mujer como otro modo de ser. La autora de este ensayo dice:

“Rosario Castellanos entra a la literatura a través de la filosofía, y expone mediante un lenguaje literario un tema filosófico. Pareciera que tiene que hacer concesiones para poder ser oída; así, su punto de partida se dio desde un discurso masculino, que la situó entre los márgenes para desde ahí escuchar cómo hablan las voces de los hombres desde el centro” (p. 51).

Otro renacimiento experimentó la escritora cuando se fue a trabajar con los indios de Chiapas. A través del Teatro Petul se pretendía que los espectadores hicieran conciencia de su realidad, y mejoraran sus condiciones de vida. De sus recuerdos de infancia y de estas vivencias surgirán su novela Balún Canán y el libro de cuentos Ciudad Real. Sobre esta última obra escribe Luzma Becerra un ensayo que nombra Ciudad Real: entre la ficción y la realidad. La autora del ensayo afirma que “en su libro, Rosario Castellanos ofrece historias que hacen referencia directa al difícil clima social que se vive entre caxlanes e indios en San Cristóbal de las Casas. Los indígenas de Chiapas llaman caxlán al extraño y también al que los engaña y explota”. 

Enseguida expone los puntos que le interesan: “Por un lado, la ambivalencia en el título de la obra y, por otro, el análisis del cuento La suerte de Teodoro Méndez Acubal” (p. 77).

De un nuevo renacimiento da cuenta Rosario Castellanos —y es cierto porque considero que las mujeres asimilamos el propio nacimiento en el momento de dar a luz a un nuevo ser—, veamos lo que ella piensa:

“Pero para que un hijo me naciera era indispensable que yo volviera a nacer de nuevo. […] Y ¿para qué le cuento todos los fracasos previos que tuve que soportar? Usted sabe que, al dar a luz a Gabriel, me di a luz a mí misma como madre, un papel para el que no estaba entrenada, pero que trato de desempeñar lo mejor que puedo. Madre y poetisa como que no riman, pero ahí se van” (p. 222).

La autora de Oficio de tinieblas siguió reencarnado, ahora como responsable del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad cuando era Rector el doctor Chávez. “Al principio titubeos; luego una lenta acumulación de experiencias, y al fin seguridad” (p. 222). También le representaron renacimientos su desempeño como maestra de literatura en el extranjero y luego en México. Con el humor y la sinceridad que guarda su prosa periodística dirá de su desempeño magisterial: “Al principio no le atinaba, pero acabé por darle el golpe” (p. 222).

Los cargos importantes para los que fue designada le representaron un reconocimiento a su capacidad, a su responsabilidad y a su cultura. Seguramente también le permitieron tener poder y ejercerlo, pues advertimos en sus palabras gran alegría:“Y de pronto ¡Zas! Que me nombran embajadora. Otro oficio, otros horizontes, una vida nueva. Yo acepté porque —como decía antes— me encanta estar naciendo. Y porque tengo confianza no tanto en mis propias habilidades como en la generosidad de los demás” (p. 222).

Las líneas anteriores las escribió el 20 de febrero de 1971. Mientras se desempeñaba como embajadora siguió mandando sus escritos para las columnas periodísticas que le publicaba Excélsior. De los materiales que escribió durante once años se hizo una selección publicada bajo el título El uso de la palabra. Sobre algunos artículos Gloria Prado escribió el texto Con la palabra, la letra y el cuerpo. Rosario Castellanos y el periodismo. En él apunta: “Como periodista despliega una capacidad enorme de análisis y crítica; valiéndose de la ironía denuncia todo lo que le parece injusto…” (p. 24). En este mismo periodo Rosario terminó de escribir la farsa: El eterno femenino; en ella despliega una fina ironía que hábilmente capta Diana Amador y que la trasmite en su escrito Las grandes calumnias no se hacen sin fundamento. Ironía y extrañamiento en El eterno femenino de Rosario Castellanos.

Aunque esta importantísima escritora mexicana murió trágicamente en Israel, el 7 de agosto de 1974, a través de su obra literaria sigue renaciendo. Es así que la cineasta Busi Cortés tomó como base el texto de El viudo Román para desarrollar su ópera prima El secreto de Romelia (1999), cuyo guión también escribió. Maricruz Castro Ricalde, en De la literatura al cine: de El viudo Román a El secreto de Romelia, se da a la tarea de comparar el texto de Castellanos con el film.

Y sobre una novela Oficio de tinieblas, Aralia López González, especialista en la obra de Castellanos, escribió Una nación a la humana medida; en este ensayo “confirma la vigencia de los juicios emitidos por Rosario Castellanos alrededor de la desigualdad social que padecen los indios y las mujeres en México, y que han imposibilitado la constitución de la nación mexicana” (pp. 23-24).

Luz Elena Zamudio y yo como editoras y las coautoras del libro que presentamos: Rosario Castellanos. De Comitán a Jerusalén, editado por Conaculta–Fonca/Tecnológico de Monterrey/Universidad Autónoma del Estado de México, Bonobos Editores, 2006 (Colección Desbordar el Canon), queremos que muchas personas conozcan la obra de esta escritora; así, cada vez que un nuevo lector lea una novela, los cuentos, la poesía, las cartas, el texto dramático, los artículos periodísticos, los ensayos de crítica literaria o se retome una de sus historias para llevarla a la pantalla, Rosario Castellanos renacerá de nuevo.

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2 pensamientos en “Renacer de la crítica

  1. Hay un gran catálogo de sitios que hablan de la autora, yo revisé la página http://sololiteratura.com/ros/roscastellanos.htm, que a mi parecer es de las mejores. Te invito a que la visites. Gracias por tu comentario.

  2. Daniela dice:

    Rosario Castellanos es una de las mejores escritoras de México en particular su obra El eterno femenino es un claro ejemplo de cómo las mujeres mexicanas viven atadas a las decisiones de los hombres pero cómo también pueden cambiar la historia

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