Cristianismo y filosofía

El periodista Tulio Demicheli hace una entrevista con Massimo Cacciari (1944), flamante ganador del I Premio Internacional de Ensayo Círculo de Bellas Artes, para hablar sobre las raíces cristianas de Europa, frente a los dogmatismos que caracterizan el presente. 

Pero ¿a qué idea de cristianismo nos estamos refiriendo en realidad?, se pregunta el pensador italiano, actual alcalde de Venecia y profesor de Estética en la Facultad de Filosofía en la Universidad Vita-Salute San Rafaela, en Milán. 

Mónica B. Cragnolini publicó en noviembre de 1996 una semblanza del pensamiento de Cacciari que vale la pena conocer; quizás después de su lectura queramos emprender la respuesta de aquella pregunta. (El artículo se puede consultar en el sitio Nietzsche en castellano)

Sobre Massimo Cacciari 

Massimo Cacciari nació en Venecia en 1944; realizó sus estudios en la Universidad de Padua, siendo sus maestros Carlo Diano y Sergio Bettini. Se graduó en Estética, con una tesis sobre Kant (1966). 

Profesor de Estética del Instituto de Arquitectura de la Universidad de Venecia, ex-director y co-director de revistas como Angelus Novus, Contropiano, Laboratorio politico… actualmente co-dirige Paradosso. Estuvo encargado de la edición italiana de obras de Hartmann, Hofmannsthal, Simmel, Lukács, Fink. Escribió textos para la ópera Prometeo de Luigi Nono. 

Ha tenido una activa participación en la vida política de su país, siendo diputado nacional por el Partido Comunista durante dos periodos (1976-1983), y desempeñándose desde fines de 1993 como alcalde de su ciudad natal por el Partido Democrático de Izquierda (PDS).  

El tema que guía la labor de Cacciari en sus comienzos es la crisis del pensamiento frente a las grandes síntesis de la dialéctica, junto a la convicción de la no existencia de una “crítica” en general. La idea de un discurso crítico supone la posibilidad de un metalenguaje a partir del cual juzgar los otros lenguajes particulares, mostrando los “errores” cometidos por los mismos. Contrariamente, Cacciari se preocupa por “hacer visible mostrando” las diversas lecturas y los diversos lenguajes que genera esta crisis. Su “mostración” obedece a una tesis, aquella que considera que el así llamado “pensamiento negativo”, caracterizado generalmente como “irracionalismo”, es en realidad un intento de respuesta a la crisis, intento que se especifica en la creación de “nuevos órdenes”. El pensamiento negativo es aquel que responde a la dialéctica hegeliana rechazando la posibilidad de las síntesis últimas. Sin embargo, esta constatación trágica de la inconciliabilidad de las contradicciones no genera una respuesta puramente nihilizante, sino que da lugar a la posibilidad de nuevos lenguajes, nuevos ordenamientos, una vez desaparecidas las “grandes totalidades”. Cacciari transita un camino interpretativo por el que arriba a la Viena de fin de siglo en la que la crisis de los grandes lenguajes totalizantes que intentaban representar lo Absoluto genera la aparición de nuevos lenguajes particulares que ya no necesitan remitirse a un Logos exterior y legitimador, que les concedería “significado”. Mientras que el lenguaje que quería decir lo Absoluto (la música wagneriana, por ejemplo) sufría en esa tensión hacia un algo “Otro”, los lenguajes que se mantienen dentro de sus límites “muestran” aquello que deben callar: el silencio mismo que se cierne sobre las palabras. Este viaje interpretativo se desarrolla abarcando muchos autores y artistas: Nietzsche, Wittgenstein, Loos, George, Rilke, Kraus, Klee, Marc…  De este modo, en Krisis —tanto como en Dallo Steinhofla Viena de fin de siglo es abordada fundamentalmente desde la temática de la crisis del lenguaje y las posibilidades del decir, cuestión recurrente en la obra del pensador veneciano. 

Las aporías del signo son tema de Icone della Legge, donde a través del diaporein se desarrollan las mismas [ideas] desde la paradoja que significa el hecho de que se den imágenes de la Ley mosaica, que es indecible. En un continuo itinerario que atraviesa las memorias de los signos, el recordar mantiene la diferencia con respecto a un Inmemorial, aquello que jamás saldrá del olvido. En el pensamiento contemporáneo es posible encontrar la producción rememorante de la ausente presencia de un improducible Otro: Rosenzweig, Kafka, Klee, Schönberg, se transforman en tránsitos obligados para arribar a aquello que señalaba Hölderlin: “Un signo somos, sin sentido”. La última palabra que el pensamiento puede expresar se relaciona con el carácter trágico de la existencia. No sólo es trágico el hecho de que a pesar de la distancia entre la verdad y las imágenes, las últimas sean necesarias, sino también el que la multiplicidad y la diferencia estén junto a la unidad y la identidad. 

El carácter trágico de la existencia es leitmotiv en Cacciari, y se relaciona, entre otros temas, con el reconocimiento de las escisiones y la imposibilidad de sintetizarlas. En lugar de tender puentes, el hombre debe asumir su dimensión trágico-infeliz. La tragedia expresa —por ejemplo, en Lukacs— el conflicto entre la irrepresentabilidad de las formas por parte de la vida, y la asunción formal de este conflicto. No hay puentes entre forma y corriente de la vida: la tragedia es la voz misma de esta ausencia de puentes. 

Como la referencia de Cacciari a la figura del ángel era constante en su tránsito por diversos autores, se tornaba necesario aclarar su “obstinada philía” labor a la que se aboca en L’Angelo necesario. El pasaje por las diversas angeologías le permite establecer el nexo con la temática del lenguaje y el problema de la representación. La u-tópica dimensión del Ángel lo hace testimonio del misterio en tanto tal, de lo invisible sin traicionarlo. El ángel de las representaciones contemporáneas (Rilke, Klee, Kakfa) ya es un ángel mudo: no sólo es impredicable el mensaje, sino que además el mensajero está cansado, y olvida. En Rilke, el país angélico del “ninguna parte” se halla ya en la “dimensión interior” del hombre, mientras que los ángeles de Klee representan al ángel criatura, pájaro atemorizado que terminará disolviendo su sustancia en las metamorfosis de los signos (Kafka). El Angelus Novus se presenta así como ícono del instante: ruptura del continuum, del discurrir (por eso también infante). 

Este tema del ángel muestra la peculiar relación con la tradición que tiene Cacciari. Porque el autor que sabe combinar el viejo diálogo platónico con la más rigurosa sistematicidad y con el microcosmos del aforismo, no transita por el pasado filosófico —y cultural— con los pies cansados del erudito que desempolva, para venerarlas, “momias conceptuales” —como diría Nietzsche— sino con el caminar que vuelve una y otra vez sobre sí mismo, con ese caminar que, en lugar de “transgredir” o “superar” los límites y los términos, profundiza una y otra vez en ellos con fruición “amorosa”. En este sentido, su pensamiento lo retrotrae “más acá” de las “superaciones” tan propias del fin de siglo y, en lugar de superación de límites, Cacciari propone una insistencia del pensamiento en el límite mismo. De allí que “retome” un tema tan arcaico como el del inicio. 

Dell’Inizio reúne las ideas de filosofía negativa y filosofía positiva desde el marco wittgensteiniano. La filosofía europea es fundamentalmente crítico-negativa: en su tarea disolutiva de las formas debe detenerse ante ese abismo de la razón que Wittgenstein señalaba como “que el mundo es”. De aquí parte la filosofía positiva de Schelling, de la razón “estupefacta” que reconoce el pre-supuesto que ningún intelecto crea o produce. A este Inicio, no-ente, no-origen, im-posible, se dedica este libro en el que las aguas de la filosofía y la teología parecen confundirse. Porque la teología es culminación de la filosofía en Aristóteles y Platón, y se torna indiscernible en muchos filósofos (en este sentido, también Nietzsche es un teólogo). 

En Dran. Meridianos de la decisión en el pensamiento contemporáneo, plantea la necesidad de profundizar los límites de la época en que ningún “término” y ninguna “ley” son respetados. El pensamiento, según Cacciari, debe comprender su propio límite. Un pensamiento que no comprende su propio límite desconoce su verdadera potencia, así como una memoria que no comprende que es memoria del propio olvido carece de una comprensión de su propio ser. Desde aquí, la filosofía de Cacciari podría ser caracterizada como un pensamiento de la re-sistencia (en el concepto, no contra él, como parecieran sugerir algunas corrientes contemporáneas) y de la in-sistencia en ciertos problemas filosóficos que actualmente se pretenden superados (como el del inicio). Y ésta es una “filosofía práctica”, una filosofía del “dran” del hacer que indica el instante, el momento de la decisión. 

El tema de la decisión nos lleva al de la política carente de fundamentos: intentar buscarlos significa considerarla de manera teológica. Partiendo de la infelicidad del hombre, de su dimensión trágica y escindida, la política intenta organizar la infelicidad, más que plantearse valores a los que puedan tender los hombres o la historia. No existiendo la Pax definitiva, la política se desarrolla en los casos concretos, en el logro de la pax apparens. Plantear la paz definitiva significaría pensar en una superación del conflicto: la pax apparens solamente permite “organizar” el conflicto, y la legitimación de lo político se relaciona de este modo con decisiones inmanentes (ya no con fundamentos). Por ello las palabras de lo político (decisión, compromiso) sólo son decibles en esferas no políticas, en el ámbito de lo impolítico. Cacciari señala que la forma política es pensada de manera teológica, lo cual implica una concepción escatológica del devenir histórico y una auctoritas, custodia de tal concepción. Frente a la solidaridad sistemática entre el ius estatal racional y la teología (Weber), la mística actúa como forma de crítica y de oposición a la Norma (la cual es la regularización de la “Palabra”) y se relaciona con la Justicia y la decisión. Refiriéndose a Heidegger, Cacciari indica que para conservar el motivo de la decisión es necesario remitirse a lo Impolítico, y si la fundamentación de la decisión política es imposible, entonces las palabras de lo político sólo se tornan decibles en esferas no políticas, es decir, en lo impolítico. Lo único que le queda al político es entonces la “atención”, la recepción de las demandas, y analizar si de manera inmanente a ellas no existe alguna instancia de orden. En este sentido, los proyectos a priori carecen de valor. 

Desde el punto de vista de la geo-filosofía europea, se debe señalar que la aporía fundadora de este pensamiento está estrechamente conectada a su historien y a su definición geográfica, en su relación de pólemos-eros con Asia (ya que toda lucha es “armonizante” a la vez). A partir del análisis de la historia de Europa, Cacciari señala el paradojal origen de nuestra filosofía: la afirmación de que en la fuerza del diferir existe una liberación, para el pensamiento, de la servidumbre de lo inmediato pero, a la vez, el diferir de los opuestos permanece en la incomprensibilidad. La unidad del Logos es la “originaria comunidad del diferir”, el ser “uno” de lo múltiple en su diferir mismo. En este sentido, desde el punto de vista político la relación de Europa con Asia implica que el “huésped” es posible porque es hostis (enemigo, diferente), y que ninguna armonía puede significar la anulación de las diferencias. Por ello, Europa debe asimilar esta idea de armonía que no implica conciliación ni síntesis, sino mantenimiento de los opuestos en sus múltiples formas del contradecirse. Retomando la temática de la insistencia, Europa, que se halla en su ocaso, debe insistir en él más que rechazarlo, convirtiéndose entonces en espacio abierto, más que en lugar de defensa. Europa ha estado signada por una gran voluntad de poder y de transgresión de los límites: frente a esto, debe reecontrarse a sí misma y buscar su propio origen y el sentido de su política. 

Larguísima es la lista de pensadores o artistas analizados por Cacciari: Kandinsky, Klee, Marc, Loos, Stefan George, Musil, Trakl, Rilke, Kraus, Wagner, Mahler, Berg, Altenberg, Roth, Wittgenstein, Benjamin, Freud, Michelstaedter, Leopardi, Heidegger… Pero las “tesis” de Cacciari no pueden ser expuestas en tan pocas líneas, en las que sólo se puede reflejar algo de su pathos filosófico y de su peculiar relación con la tradición. El “ejercicio” interpretativo filosófico que Cacciari lleva a cabo con la tradición cultural podría hallar su correspondiente teológico en la idea de tradición judeo-cristiana, basada en un Revelatum. Esta tradición no significa, para el filósofo veneciano, la conservación ritual de los datos revelados, sino una interpretación viviente, una acción de libertad interpretativa que se caracteriza por la renovación constante, por oposición a la conservación ritualística. Por ello, el planteamiento de la cuestión del “inicio” (arché) (Dell’Inizio) en la época de la caída de todos los fundamentos (archaí) puede parecer un anacronismo si no se tiene en cuenta que la peculiar mirada que Cacciari dirige a las “viejas cuestiones” posee la capacidad de repensar lo no pensado, de desanudar y mostrar problemas que parecían cerrados. En una época en que el carácter periférico de todo se convierte en nuevo centro, y en la que la libertad de la philo-sophía se encuentra en “una enfatización retórica de una errante philía”, la libertad de la filosofía se relaciona, para Cacciari, con el tema del inicio, con la insistencia y persistencia del pensamiento en esta vieja problemática presente desde el Parménides platónico. 

Obras de referencia: 

Metropolis, Officina, Roma, 1973.

con F. Amendolagine, Oikos. Da Loos a Wittgenstein, Roma, 1975.

con P. Perulli, Piano economico e composizione di classe, Milano, 1975

Pensiero negativo e razionalizzazione, Venezia, 1977

Krisis. Saggio sulla crisi del pensiero negativo da Nietzsche a Wittgenstein, Feltrinelli, Milano,1976 (7 1983) [trad. esp. de Romeo Medina, Krisis. Ensayo sobre el pensamiento negativo de Nietzsche a Wittgenstein, México, 1982].

Dialettica e critica del Politico. Saggio su Hegel, Milano, 1978.

“Intransitabile utopie”, en H. von Hofmannsthal, La Torre, Milano, 1978.

Walter Rathenau e il suo ambiente, Bari, 1979.

(a cura di) Crucialitá del tempo, Napoli, 1980.

Dallo Steinhof, Adelphi, Milano, 1980. [Trad. al español de F. Jarauta, Hombres Póstumos, Barcelona, 1989]

Adolf Loos e il suo angelo, Milano, 1981.

“Metafisica della gioventù”, en G. Lukács, Diario, Milano 1983 [este texto e “Intransitabile utopie” se hallan traducidos en Drama y duelo, trad. esp. de F. Jarauta, Madrid, 1989]

Icone della Legge, Milano, 1985 (3 ed., 1987)

L’Angelo necesario, Milano, 1986 (4 ed., 1992) [trad. esp. de Z. González, El ángel necesario,  Madrid, 1989].

Zeit ohne Kronos, trad. al. de R. Kacianka, Klagenfurt, 1986 [no publicado en italiano]

(a cura di) Le forme del fare, Napoli, 1987.Dell’Inizio, Milano, 1990.

Drân. Méridiens de la décision dans la pensée contemporaine, tr. fr. de M. Valensi,  Combas, 1992. [no publicado en italiano]

Architecture and Nihilism,  Yale, 1993.

Geo-filosofia dell’Europa,  Milano, 1994 (3ra. ed., 1995)

Desde Nietzsche. Tiempo, arte, política, trad. esp. de M.B. Cragnolini y A. Paternostro,  Buenos Aires, 1994 [no publicado en italiano]

Quid Tum, Venezia, 1994. “Filosofía e teologia”, en P. Rossi (a cura di) La filosofia, 4 vol.,  Torino, 1995, vol II., pp. 365-421 

Artículo publicado en Cultura, Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, números 57/58, noviembre de 1996, pp. 91 y 96-97.

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