Retrato de familia

“Retrato de familia”, de Caspar Morel, en el Museo Histórico de Ámsterdam, Holanda 

El retrato de una familia refleja el de muchas más. Llego a esa conclusión después de leer otra vez La nación mexicana: retrato de familia, aquella edición documental de fotografías realizadas por Lourdes Almeida (1952) a numerosas familias de todas las regiones del país en 1994, Año Internacional de la Familia, publicada por la revista Saber Ver. 

Apasionante revelación de México en aquel conjunto de retratos familiares, un género que pasó primero dentro del estudio, para luego adaptarse al contexto exterior; de las obligadas poses iniciales, llegó a las tomas más cotidianas en los espacios propios de la gente. En la edición de referencia hay imágenes de familias de campesinos, obreros, bordadoras, empresarios, comerciantes, músicos, mineros, profesionistas; hay familias yaquis, mazahuas, menonitas, ñaños, tarahumaras; hay familias del norte y del sur de la República, de grandes ciudades y pequeñas localidades, de ascendencia internacional y netamente mexicanas, desde dos hasta 155 integrantes. 

Motivado por esa publicación, sugerí que mi familia extendida se tomara la foto. Le pedí a mi amigo Luis Carmona que nos ayudara. Fue en las Pascuas del año 2000. Todo fue bullicio, acaso memorable pues cada uno reafirmó su identidad y su pertenencia al grupo. 

Han pasado seis años desde entonces, vuelvo a ver la foto familiar y me pregunto qué lograremos si realizamos otra, y otra al año siguiente, y así. Por obvia, nadie advierte la utilidad de mirar aquella fotografía como el documento testimonial de una época de nuestras vidas. 

Estoy convencido de que las cosas se suceden más allá de las intenciones de la gente, incluso más allá de los recuerdos de familia. Hoy que acudimos, por ejemplo, a la memoria de la abuela, nos encontramos sabrosas anécdotas de un pasado irrepetible… por impreciso.

Siempre seremos otros cuando veamos la misma imagen. Otros, a pesar de la memoria, que busca fijar los recuerdos para reparar las carencias. “Lo más grave no es perder, sino no recordar”, dicta el periodista español Juan Cruz en su bitácora de ayer. En la ignorancia nos perdemos a nosotros mismos. 

Pienso que cada fotografía es, un poco, la recuperación de la memoria de todos aquellos que convivieron contigo, tu padre, tu hija, tu abuela. En esa mirada de nostalgia se resume el tiempo de cada uno y de todos al mismo tiempo. Cómo no querer otra fotografía.

ACTUALIZACIÓN del 18 de diciembre de 2007: Apenas hoy Cristina Rivera Garza publica un elocuente artículo sobre las fotografías de familia. Buenísimo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: