Bonifaz Nuño y Aguascalientes

Rubén Bonifaz NuñoA raíz de la obtención del Premio de Poesía del Mundo Latino “Víctor Sandoval”, en la bitácora del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes puede leerse en estos días una deliciosa entrevista de Marco Antonio Campos (1949) con el poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño (1923) sobre la relación que éste desarrolló con Aguascalientes, en la que el poeta veracruzano llega a decir: “Desde 1958 no he vuelto a Aguascalientes. Sin embargo puedo decirle otra vez abiertamente que si soy poeta se lo debo a esa ciudad”.  

Esta entrevista, sin embargo, no es la primera que realiza Campos con el poeta veracruzano, pues conocíamos “El dueño de su lenguaje”, publicada en la revista argentina Poéticas, sobre la formación lectora y la pasión por la escritura que inunda al autor de El manto y la corona (1958), Fuego de pobres (1961) y La flama en el espejo (1971), tres de sus entrañables libros de poesía.

Si no lo conoces, lee este célebre poema, titulado “Para los que llegan a las fiestas”, de Los demonios y los días (1956):

PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues no uno sabe bailar, y es triste—:
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos:
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieran les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen:
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme:
para los que están armados, escribo.

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