Calidez de Slava

Slava’s Snow Show 

Una escena de Slava’s Snow Show, de Vyacheslav Ivanovich Polunin (1950), me deja ver con claridad el temperamento poético del espectáculo: al final, cuando se encienden las luces de la sala, la gente se levanta de sus asientos para jugar con los colosales globos que revuelan entre los lugares; sin llamar la atención, Slava se sienta en las escaleras del proscenio a mirar a la gente: ahí está el payaso ruso que no sonríe, que más bien se muestra melancólico y que intenta comprender al público que hoy lo admira.

He aquí el ánimo de su propuesta escénica: los cuadros de una estrecha gama de colores y los movimientos medidos y lentos atestiguan la construcción de un espectáculo que expone oníricas imágenes auditivas y visuales, dirigidas a causar un extrañamiento de los sentidos, y que permite la ensoñación… así me sucedió a mí. Aun hoy, tres días después, despierto en medio de la noche para observar, con lo ojos cerrados, los detalles de un sol radiante palpitando detrás de las mamparas azules de la noche… para luego oscurecer.

El sitio oficial del espectáculo contiene una nota de Natasha Tabachnikova, directora de la producción, quien cita una anécdota: al término del espectáculo, una espectadora canadiense envió una nota a Slava, que decía: “Tu nieve calienta nuestros corazones. Gracias”. Calidez humana, eso necesitamos.

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