38

Hoy cumplí 38 años. Bajo luces mortecinas, puedo verme a través de los espejos, más allá del reflejo, para preguntarme acaso el recuerdo más vívido que tengo: aquel ejemplar mimeografiado de Voz populi, editado por Manuel Carmona, donde hace 19 años publiqué el primer relato del que me siento orgulloso, exactamente a la mitad del camino de mi vida.

Aquel primer texto estuvo inspirado en los cuentos que leía en El cuento, revista de insigne memoria dirigida por Edmundo Valadés, a quien conociera una tormentosa noche en Hermosillo, Sonora, al norte de México, hace 15 años.

Desde entonces, he navegado por los mares civiles de la literatura con remos que no pesan, quizás porque eso de publicar no me lo he tomado en serio. En 1990, cuando publiqué mi primer libro, súbitamente ya era escritor. Como alicante literario, fui aceptado en el nido de los gustos de mis conocidos, quienes quizás por convicción, o quizás no, me aceptaron en su círculo de conversadores. Yo era un rapaz, pero me di cuenta luego de que, en verdad, para ellos importaba menos la literatura que la vida, y yo estaba en desacuerdo: es más, sigo en desacuerdo. Meses antes, cuando empezaba a practicar el periodismo, había comprendido el peso específico de una palabra en un texto, y la complejidad que sigue a una observación asaz irónica para los lectores. Como al periodista Juan Cruz le sucedió, yo me sentía responsable del medio para el que trabajaba, a través del cual era posible, para mí, entender el mundo de entonces.

Ahora debo decir que lo sobrevaloré. Pero si a remembranzas desmesuradas vamos, creo que no salgo bien librado de ninguna. He vivido como un escorpión que hasta para aparearse arriesga su vida, aunque bien guardado me lo tengo, así no aparento rasgo alguno de valentía ante la adversidad, así me convenzo de que no tengo alternativa, así me tardo.

Desde aquel ejemplar de Voz Populi, que ya no conservo —aunque su editor me distingue con su amistad—, he seguido un camino lateral hacia mi objetivo primero: escribir para vivir. No es mucho, lo sé, pero lo es todo para mí.

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4 pensamientos en “38

  1. Buena la cita del grupo. Yo estoy, digamos, a la mitad del camino de mi vida, pero en pista lateral, no directa. La de baja velocidad; la de autobuses y peceros con insomnio. Algo así sentí cuando leí otra vez las misceláneas de Cortázar: qué admirable afán de descentrarse.

    Nunca es tarde, dices, mi querida Luz del Alba. Es cierto. Esta bitácora me ayuda, y tú, con la tuya, también. Eso es de amigos. Gracias.

    Mil abrazos.

  2. Luz del Alba dice:

    Nunca es tarde, mi querido Porfirio, acuerdate que de lo mejores como Miller publicaron seriamente a partir de los 45 hasta el final, primero supieron de los sabores y saberes , luego vino lo mejor… Y como dice la rola de los U2 … I’m at a place called Vertigo (¿dónde estás?),It’s everything I wish I didn’t know,Except you give me something…
    I can feel, feel

    Sigue sitiendo la palabra y…. Santé por un año más.

  3. Recibo el abrazo con alegría. En la próxima oportunidad que tengamos, nos daremos un abrazo con el doble de gusto, acaso porque la distancia del tiempo entre ambos desaparezca, como sucede cada vez que nos vemos. Con saludos a Raquel.

  4. Alberto dice:

    Ese objetivo tuyo ha sido siempre, y sin exagerar, un ejemplo luminoso, Porfirio. Un abrazo grande.

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