El acoso de la bestia

Hay pensamientos políticos que crean días revueltos, como ríos. El 10 de noviembre de 2007, en el marco de la Cumbre Iberoamericana, dos jefes de Estado se enfrascaron en un feo debate. Quizás porque lo intuía, quizás porque su impaciencia le dictó las ideas, Martín Mondragón Arriaga me envió un texto muy inspirado en contra del fascismo. Lo publico con su autorización: 

El acoso de la bestia 

Martín Mondragón Arriaga 

Hilitos de tristeza, incapaces de verter en los labios de la bestia el amor del alma, que goza con su lengua bífida el desencuentro del espíritu. Hurga entre los sentimientos de los hombres y los unge con desalmados presagios. Nada tiene escapatoria, pues su cola larga arremete contra el discurso racional y tolerante. Para la bestia sólo cuenta lo que ella piensa, nada le importa; es como el tirano que busca desguindar los sueños y los placeres de los santos.

Cada partícula de aire es de ella, sólo de ella: Utiliza el anonimato para increpar al poeta, para hacer sentir miserable al que gusta del vino, del tabaco, de la lectura. Para la bestia cada fugacidad es eterna y no permite crear el mundo de las ideas y la diversidad artística.

La bestia deambula entre las figuras institucionalistas, acosa a los seres sensibles y los conduce al abismo o a la piedra. Gusta mirar el autosacrificio de los párvulos, de los seres que miran el mundo desde las estrellas. La bestia juega con pancartas y carteles, pega anuncios por ociosidad y los muestra como si fueran endecasílabos pareados. Para la bestia sólo cuenta la incapacidad del raciocinio, por ello coloca hojas insultativas en cada intersticio del mundo y aúlla entre los medios masivos para comunicar el discurso facistoide y tiránico.

Cada mañana se levanta pensando en estrategias cobardes y decimonónicas, las unta en las llagas del corazón y las enciende en cada movimiento de la sístole y la diástole. Y dicen sus carteles: fuma lejos de los que sabemos de la vida, de los que queremos estar en este mundo contemplante y aléjate de los que queremos la existencia, pero juega con los recursos públicos. Se la mira con sus retoños usando computadoras, vehículos y gozar de las prebendas y los viajes al extranjero. Y cuando se le pide la escritura, arroja fuego que quema la soledad de los menesterosos.

Hilos de nostalgia vemos los que queremos un mundo enjalbegado en la tolerancia y la libertad de la existencia. Grumos de tristeza miramos los que sabemos del mundo sin cadenas. Cúmulos de pobreza sentimos los que estamos en el mundo y sabemos que el universo grita por la lucidez del alma.

Y sin embargo, la bestia está en las entrañas, en las pupilas ajadas por el hartazgo de la vida, por la desilusión, por la ausencia del sueño y de la libertad de Vida. 

7 de noviembre de 2007.

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