8 poemas de Carlos Barbarito

Carlos Barbarito, fotograf�a de Karina Barg, Buenos Aires, 2007
La poesía es la forma ilustrada de la generosidad, me dijo una vez el poeta mexicano Antonio Deltoro (1948), para referirse a esa relación progresiva que se establece entre un poema y un lector, en la secuencia de una lectura y otra, y otra.

Lo recuerdo ahora que releo los ocho poemas inéditos que me ha enviado Carlos Barbarito (1955), poeta nacido en Pergamino, Argentina. Su nacimiento, ligado a la escritura más primitiva, como creo que nos indican los poemas que hoy publico en esta bitácora, en honor al principio que anima a este sitio: todo lo sabemos entre todos.

Estos ocho poemas siguen una línea semejante a otros poemas de Barbarito, y forman parte de un proyecto aún en ciernes, aunque con una certeza: el último poema es también el último del libro en proyecto.
Podemos seguir las ideas de Carlos en su bitácora personal. Aquí, sólo gratitud, por su generosidad:

 

Hacia donde se dirige el agua de estos días…

 

Hacia donde se dirige el agua de estos días.

Lo que soy, por entero delante de sus ojos.

Al uno, dos y tres acude el mero consuelo,

el que sabe de la lluvia pero no clava el puñal en el barro.

Hacia donde nadan los casi ahogados,

sus espaldas de plata que en vez de salvarlos

los sumerge. Y, al final, todo es número,

proscripción para la única ala del único pájaro,

viento ciego que sopla para música en casas de sordera.

Lo que fui, abandonado entre candados y acordadas.

Bajo la armadura, el desnudo.

Entre desnudo y desnudo, el intersticio

por el que se filtran todavía los ecos del juicio.

La pala recoge helechos secos y amores secos

y los que empujan miseria con sus huesos

no hallan resarcimiento.

Hacia el fósil, lo que cabe en una caja,

el hijo que sólo será padre,

el libro surcado de venas, el desfogue,

el zodíaco que miente, el breviario que no sostiene.

¿Víspera? Yo diría que el después,

un después del pie desnudo sobre la grava,

sus ojos que me miran

como si ya no quedara mundo

o en el mundo quedase, apenas,

una vida puesta del revés y sin dominio.

 

 

Alunados, expuestos al rubí, al rocío…

 

Alunados, expuestos al rubí, al rocío

y distantes uno del otro, a mil años de nacidos

de cierto muslo y cierta escarcha.

En silencio, entre cáscaras de estrellas,

alas de cigarras sin cigarras,

oyendo la respiración de lo que, fijo

y endurecido, se contenta con estar,

no trae abrazo ni discordia.

De remedos de sílabas venimos,

de cifras huecas, de males del éter y del vino,

de ásperos arbustos y ásperas censuras;

tendidos luego de ser derribados,

creyendo todavía que un súbito resplandor

podría salvarnos, un repentino cambio en las mareas,

una rara tormenta, sin lluvia ni viento, sólo de relámpagos.

 

 

Queda siempre una porción virginal luego de la tormenta…

 

Queda siempre una porción virginal luego de la tormenta,

un muslo limpio y una mirada pura al cabo del fragor;

doro y esmalto el papel donde escribo esto

y lo arrojo lejos, adonde ni yo mismo pueda alcanzarlo.

En el estrépito buscaré lo puesto a salvo,

bajo tu vestido y debajo de tu frente,

¿qué no besaré y acariciaré entre luces repetidas, sucesivas?

Entraré al amplio astillero que aguarda otro Diluvio

y clava madera contra madera con clavos de plata,

cuelga en el extremo de cada palo un remedo de bandera.

Pero estaré sucio por entero y por ello condenado.

No seré admitido a bordo.

Una víspera entre humana y angélica no me bastará,

como no me bastará pensar entonces en panes recién horneados

y peces que, luego de nadar contra la corriente, sobreviven y desovan.

se llena de panes, frutas y pescados. 

 

 

Joven, deja gotas de sí…

 

Joven, deja gotas de sí

en cada nudo del viento; el brazo

a través del aire, ¿del otro lado?

Joven, dije, y sin respuesta,

una hoja de cuaderno, sudario;

¿a cuánto de la mandrágora

y a cuánto del útero?

Se alimenta de imagen,

de médula sin encarnar,

de candado, de testigo falso

y juez que lo atiende

desde un estrado de estearina.

No quiere actas, coordenadas,

octógonos, alejandrinos,

precisamente eso, y no otra cosa, le dan.

 

 

En vez de menguar, crece…

 

En vez de menguar, crece.

Qué anida en él. Qué lo nutre y sostiene.

Pienso en un espejo partido,

en un fármaco que no cura,

en una luz que sólo alumbra y no asiste.

Ante él, toda criatura inmóvil,

el ahogo del nadador, el bocado de la sal,

cuanto se zambulle y no reaparece;

hubo un pasado de cuartos secretos,

allí, amante y amada, lejos

uno del otro, pero ambos arqueados y convulsos.

Qué de eso se estira hasta encontrarnos.

Y dónde nos encuentra, cómo,

por qué vía, a través de qué éter, qué silicio.

 

 

Tal vez en el centro de cuanto observa…

 

Tal vez en el centro de cuanto observa,

donde todo se reúne y se concentra;

allí, quizás, el viajero que arriba sano a destino

y el niño que entra al mar y no se ahoga.

Allí, alimento y almohada.

Una música sin instrumento.

Tal vez en una escena que imagino,

la mujer en lo alto de la escalera,

el hombre al pie, llamándola

por todos sus nombres, incluso los secretos.

Entre uno y otro hay oscuridad

y ninguno de los dos lleva una lámpara.

Ella, ¿todavía recuerda su nombre?

Él, ¿habla su misma lengua?

Alfa y Omega, polo y polo,

¿quién se duerme sobre el hilo que los une?

¿quién, luego de dormir, despierta?  

 

 

¿Ciñe lo revuelto…

 

¿Ciñe lo revuelto

y revuelve lo ceñido, pone

sonido en el aire silente

y raspa con filo de uña de niño la escarcha?

 

 

Jamás vi su rostro, pero lo adivino…

 

Jamás vi su rostro, pero lo adivino

mientras el agua de la mañana empapa mis ropas

y atravieso vías muertas y vacíos depósitos

hacia la casa. Por eso

que nunca vieron mis ojos humanos

y sin embargo desde siempre conozco,

encuentro firmeza en lo volátil

y alimento donde otros encuentran ayuno.

Así, de lo que va a quemarme

es todavía la víspera, de la vida,

aunque breve, aún es el apogeo;

aún respira en el útero

la que para el mundo yace lejos y perdida.

 

Efluvio, de Lisandro Demarchi (1977)

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16 pensamientos en “8 poemas de Carlos Barbarito

  1. Diana Poblet dice:

    Carlos, creo que tus poemas son mucho más que decir qué bello, por eso los he colgado en el fb, para que los disfruten otros poetas y algunos políticos porque sólo de estos ámbitos se generan mis contactos del fb. Y es bueno que así sea porque algo debemos de cambiar con la poesía, más allá de construir bonitos versos, debemos inquietar, hostigar, repreguntar, proponer un algo, una posibilidad, una puerta pequeña. Tu poesía contiene todos los elementos para lograr que uno la habite, la lleve aún mucho después de su lectura. Y esa es la magia y el secreto.
    Gracias por eso y claro, además, también es bella.
    Con mi abrazo,
    d.

  2. Amigo Gandolfo, recién hoy, 25 de marzo de 2009, leo tus mensajes. Recuerdo aquellos momentos de tu edición y los avatares al respecto, otro caso de la larga novela de los “editores” indeseables. Espero hayas podido publicar. Y, sobre todo, seguir aferrado a las rodillas de la poesía, como quería Rimbaud. Nos veremos. “Viga bajo el agua” fue un intento de poesía ceñida, concentrada, al borde del silencio. Me di cuenta que el siguiente paso era el suicidio y tomé por otros rumbos. Un abrazo.

  3. H. Gandolfo dice:

    Recomiendo leer con mucha atención “Viga bajo el agua”, que a mi criterio es quizá la obra más enérgica de Barbarito.

  4. H. Gandolfo dice:

    Carlos Barabarito es uno de esos que es más que poeta: es poesía.
    Tuve intercambio epistolar con él allá por principios de los 90, a raíz de mi desafortunada primer publicación. Nunca pude conocerlo personalmente pero reconozco que no hice mucho al respecto. A ver si en uno de mis viajes a la big city me doy el gusto de estrecharle la diestra un día de estos.

  5. dante bustos dice:

    Mucho me agradarìa recibir de este gran poeta actual algunos de sus libros, soy el director del Cìrculo Literario Mitre, de la ciudad de Azul.
    Atentamente Prof. Dante Bustos

  6. Carlos, muchas gracias por elegir mi dibujo para acompañar estos poemas. Un gran abrazo.

  7. Carlos: así lo habías imaginado. Yo quiero agradecer la poesía que nos has dado.

  8. Amigo Porfirio, de nuevo para agradecerte la reproducción del dibujo de Lisandro Demarchi http://www.lisandrodemarchi.com.ar
    Un abrazo.

  9. raquel jodorowsky dice:

    Carlos….entro en el mundo de tus objetos poeticos.sIRVEN PARA HACER VOLVERSE DE ESPALDAS A QUIEN ESTE EN EL BORDE DE UN PRECIPICIO.es el mensaje verdadero de la poesia que sale de tu mano,escribe en el aire y se mete por las venas hasta el sitio del alma.Gracias por existir,amigo poeta….RAQUEL

  10. raquel jodorowsky dice:

    CARLOS…..entro en tu mundo de objetos poeticos que invitan a volverse de espaldas en el borde de un precipicio.Es la mano de la poesia verdadera que sale por tu mano y la extiende en el aire del mundo para que se meta en nuestras venas y alma.GRACIAS,amigo poeta……Raquel

  11. .sameop ohco sotse ne etreel ed recalp le oveuneR

    !ozarba nU

    .aíraM

  12. Anónimo dice:

    Como siempre hermosos tus poemas Carlos.
    Un beso grande
    Liliana

  13. jorge britez dice:

    barbarito y sus imagenes.sus lluvias y sus puñales al barro.su poesia.musica con la pluma . Yel descanso de abrir el correo y encontrarse con el refrescante aroma de la lluvia. a proposito…para donde van?

  14. alessandro prusso dice:

    creyendo todavía que un súbito resplandor
    podría salvarnos….

    como siempre aquella mescla de misterio, de absoluto sin nombre, y cotidiano milagro en la lirica de Barbarito que no sé si puede salvarnos pero de toda manera
    es cierto, no puede dejar de asombrarnos.

    alessandro prusso

  15. Muchas gracias, Porfirio, por tu generosidad. Sólo falta un detalle, que no es menor: la fotografìa fue tomada por una notable fotógrafa de mi país, además de gran amiga. Karina Barg, en el patio del Museo Evita, en Palermo, Buenos Aires, hace unos meses. Dejo la ubicación de la página de Karina http://www.karinabarg.com.ar Un fuerte abrazo y de nuevo gracias.

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