Jorge Ibargüengoitia

Jorge IbargüengoitiaPor estos días hemos escuchado hablar del escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia, nacido en 1928 en la entonces casi fantasmal capital de Guanajuato, y fallecido en un accidente aéreo en 1983, en Madrid, España.

Muchos lectores admiran la obra de Ibargüengoitia por su inteligente prosa, que se alimenta de una fina ironía y un alto sentido crítico que desenmascara la realidad, lo que quiere decir que supera ciertos escrúpulos morales de nuestra forma de ser para mostrarnos como realmente somos. 

En un lenguaje coloquial, Jorge Ibargüengoitia escribió historias de intenso dramatismo que, sin el humor negro que las caracterizó, habrían sido tragedias para hacernos llorar. Es el caso de Dos crímenes, una novela situada en Cuévano, un pueblo imaginario muy semejante a Guanajuato.

En esa historia, tres primos se disputan la herencia de su tío… antes de que éste muera y deje asentado su testamento definitivo; la situación no dejaría de ser simple anécdota si el tío no convocara a un primo desconocido que, poco a poco, se convierte en un potencial heredero incómodo, lo que da lugar a un sinnúmero de peripecias que culminan en el envenenamiento del tío, el asesinato de un protagonista… y la obtención de la herencia por quienes originalmente la deseaban. Con gran finura, Ibargüengoitia ironiza situaciones moralmente inaceptables para hacernos ver cuán cercano puede estar el lector envuelto en el caos de una realidad en apariencia apacible y desinteresada.  Somos seres imperfectos, parece decirnos Jorge Ibargüengoitia Antillón —tal era su segundo apellido.

La obra de Jorge Ibargüengoitia ha sido publicada por las editoriales Joaquín Mortiz (hoy del Grupo Planeta) y Fondo de Cultura Económica. Son fácilmente reconocibles porque las portadas de los libros fueron ilustradas con dibujos de la pintora inglesa Joy Laville (1923), su esposa, a quien conoció en San Miguel de Allende, Guanajuato.

Esa obra consta de novelas, cuentos, obras de teatro y artículos periodísticos, de inusitada vigencia en nuestros días. Cada libro es admirable; precisamente en estos días el Fondo de Cultura Económica anunció la publicación de El niño Triclinio y la bella Dorotea, un volumen de cuentos infantiles.

Más a la mano se encuentra el número más reciente de la revista Letras Libres, que publica, completo, el legajo de 23 cuartillas que constituye el último manuscrito de Jorge Ibargüengoitia, titulado “Isabel cantaba”. Es un borrador, y es espléndido.

Suele decirse que la mejor forma de rendir homenaje a un autor de literatura es leerlo. Estoy seguro de que Jorge Ibargüengoitia tendría una réplica irónica para esta sentencia. Yo voy a buscarla ahora, con permiso.

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