Una discusión literaria

De la bitácora de Juan Cruz:

Se produjo aquí ayer una discusión literaria, y eso no es común. Últimamente en la literatura los escritores no discuten; a veces algún suplemento avispado les hace encuestas, y ellos dicen, en lugar de escribir novelas, que ha muerto la novela. En esta feria del libro de Argentina ahora ha estado Tom Wolfe y ha dicho que ha muerto la novela. Ah, interesante noticia. ¿Y dónde la entierran? Menos mal que saltó Juan Villoro y dijo que de muerte nada, ahí está, viviendo, él lo demuestra: las escribe. Suele decirse que se ha muerto la novela al menos desde que Miguel de Cervantes escribió el Quijote. Yo me imagino qué pasaría en el sector del mueble si un fabricante de sillas saliera en un congreso de madereros a decir: “Señores, se acabó el tiempo de la silla. Ahora habrá que sentarse en otro dispositivo”. Pues se armaría una bastante gorda. La novela está viva, o muerta, según si la novela te gusta o no, y no parece que el autor, o los autores, sean los mejores médicos para diagnosticar esa, digamos, enfermedad. La novela no es una enfermedad terminal, ni siquiera es una enfermedad o, en sentido estricto, una salud. La novela es una cosa, si me apuran es casi tan solo una cosa, que de vez en cuando se manifiesta y dice: “Oye, que soy Cien años de soledad”. O que va y dice: “Oye, que soy La Región más transparente, o La ciudad y los perros, o Rayuela, o Tres tristes tigres, o soy El obsceno pájaro de la noche”, y los que hasta ese momento se reunían en las esquinas húmedas de los bares se quedan callados hasta que pasa algún tiempo y uno, vestido de traje y corbata, alza la voz otra vez y dice: “Ha muerto la novela”. Puede ser Tom Wolfe o quien quiera, pero le vendría bien ponerse a escribir una buena novela para que alguien susurre, nada más ver entrar la novela que haya hecho: “Oye, tío, que soy La hoguera de las vanidades”. Pero decir que la novela se ha muerto es más viejo que la tos y más aburrido que una discusión literaria en la que se aburran también los contendientes. ¿O no?

Bueno, para los que hayan leído ayer que yo no dije que Cortázar era el autor del título de mi crónica en elpais.com (“La continuidad de los parques”) les recomiendo volver al comentario número 4 (muy temprano, pues) para que vean que al menos a esa altura ya pedí disculpas. Claro que es de Cortázar, pero quién no lo sabe, lo saben hasta los parques.

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