Luis Cardoza y Aragón

Traigo los ojos en las manos
para dejarlos bajo un punto, a espaldas
de una coma, detrás
de las axilas de una erre,
con el pretexto de una diéresis,
cuando nadie me vea:

los ojos puestos donde irá la bala,
la bala en donde nadie la recuerde,
los párpados de par
en par, y el borde de la ceja
izquierda en otras cantidades:

un ojo abierto en cada puño
cerrado, como el tuétano en el hueso,
que tal vez no haga ruido
pero en él van inscritas, con todo, estas palabras
como de tablas de una ley antigua
o mingitorio público:

si fuera verdadera la verdad
ya lo sabríamos.

 

Luis Vicente de Aguinaga (1971)

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