Nicolás Moreno

Recientemente descolgué de mi casa una estampa de técnica mixta en tonos verdes titulada “El Gigante”, del maestro grabador, dibujante y muralista Nicolás Moreno. Había que hacerlo, pues la copia corría el riesgo de absorber la humedad de su pared.

Su pared. Al cabo de los años, ese espacio tan suyo hoy sufre el desamparo de la ausencia, a la que no termino de acostumbrarme; nadie en la casa, en realidad. Aunque nada sepan de Nicolás Moreno, mis hijos miran esa pared con nostalgia: el magnetismo de la estampa despierta la curiosidad que apunta primero a su belleza sencilla y luego a su magnífica solución estética, que uno admira sin más.

Es atributo del objeto artístico despertar el asombro del espectador y, en la identificación que logra, reivindicar el sustrato cultural al que pertenece, como lo demostró el pensador Vladimir Propp (1895-1970) hace algunos ayeres, y que con tanta claridad recuperó Teresa de Lauretis en su estudio semiótico del cine Alicia ya no (Cátedra, 1984).

Pensamos por asociación, intuimos por reconocimiento. Intuir es recordar, remata mi esposa. Nicolás Moreno nos enseñó con su obra un ámbito de nuestra identidad: la fuerza que subyace en la relación que sostenemos con la naturaleza, la profunda raigambre que une la tierra a lo humano. Las entrañas quemadas de ahuehuetes, sauces y olivos, la aparente lasitud de un agave y la quietud de la piedra a la deriva del camino forman la metáfora de nuestro destino, que ya nos había sido anunciado. ¿Cómo permanecer indiferente a este mensaje?

Nicolás Moreno repite con relativa frecuencia uno de sus postulados: el paisaje es el corazón de su especialidad. Si sólo cambia el paisaje —como escribió Adrián Abonizio—, entonces todos somos parte de él. Por eso me interesa ver la exposición de la obra gráfica de Moreno que recientemente abrió el Museo de la Estampa de Toluca, en pleno centro de la ciudad capital del Estado de México, en México. Qué incógnita: ser o estar en el paisaje.

El maestro Nicolás Moreno nació en un barrio bravo del Distrito Federal en 1923. Ha montado exposiciones en distintas ciudades de Europa; su obra permanece en museos de Polonia, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, Rusia y la República Checa; también ha presentado su obra en Japón, China, Estados Unidos y Perú; en México ha montado numerosas exposiciones.

Es un genuino artista que aún tenemos entre nosotros. Abracemos su obra; pensemos que todo abrazo busca su par en la constelación de instantes imborrables que forma la historia del arte.

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