Vigencia de Vitier

En días recientes murió Cintio Vitier Bolaños, apenas una semana después de haber cumplido 88 años. El poeta, crítico y ensayista cubano dejó un hueco en la vida de su país, tal como lo reconoció el gobierno de la isla, y un hueco en su obra misma, de la que estuvo tan compenetrado, bajo la luz de dos poetas tutelares: Juan Ramón Jiménez y José Martí.

De Juan Ramón Jiménez dejó constancia en innumerables testimonios y en La luz del imposible (1957), a partir de un homenaje realizado en La Habana en conmemoración de la obra y la vida del poeta español, quien viviera en la isla desde finales de 1936 a principios de 1939 e imprimiera una profunda huella en la vida cultural de Cuba, especialmente en Ángel Gaztelu, José Lezama Lima, Justo Rodríguez Santos, Gastón Baquero, Fina García Marruz, Eliseo Diego y Cintio Vitier, por citar sólo los más emblemáticos poetas de la revista Orígenes.

Yo conocí la obra de Vitier muy tarde. En un cumpleaños no muy reciente, Gerardo Novo me regaló la Antología de mis versos, que se antecede de una remembranza del poeta acerca de su ejercicio con las palabras:

“Queríamos entrar en otra dimensión, ajena a la polaridad de lo bello y lo feo, lo suficiente y lo excesivo, lo armonioso y lo desordenado, porque no vivíamos en un ámbito (historia grave, geografía resonante), donde la soledad, y sus hermosas compañías, tuviera sentido, sino en una isla (sacrificio, frustración) de intemperie cerrada, con el tesoro palpitando como un caos ardiente en lo seco y en lo húmedo, alumbrando en cada cosa un ídolo hueco para el hambre de posesión.”

Ese apetito desmesurado, traducido en una exacta cadencia sonora y un complejo andamiaje de ideas, alusiones y reminiscencias, me sedujo desde el primer momento. Como antes me había sucedido con la obra de José Lezama Lima, Eliseo Diego y el sacerdote Ángel Gaztelu, los poemas de Cintio Vitier me dejaron absorto: su apasionada relación con la vida estaba inscrita en la profunda belleza de sus construcciones. ¡Si de eso se trata la poesía!, replicarán algunos. Pero yo lo vi con nuevos ojos, lo vi con toda claridad en la poesía de Cintio Vitier. Un nuevo descubrimiento.

El uso del copretérito quizás no sea justo, pero no hay tiempo de versar sobre lo que es o estaba en la vivencia poética. En todo caso, repetiré aquello que preguntó Gina Rowlands en La otra mujer: “¿Un recuerdo es algo que tenemos o que hemos perdido?” Por fortuna, a todos nos queda la poesía de Cintio Vitier, aunque no él esté más con ella.

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