Dos programas ¿sin resultados?

 

Si sólo nos atuviéramos a la lectura de los planes nacionales, veríamos un catálogo de buenas intenciones. Es el caso del Programa Nacional de Lectura, que hoy por hoy constituye un esfuerzo encomiable de promoción cultural desde los gobiernos para fortalecer las habilidades cognitivas y competencias culturales de los escolares de los tres niveles de educación básica: preescolar, primaria y secundaria.

Para lograrlo, el Programa se plantea fortalecer la currícula y las prácticas de enseñanza, así como las bibliotecas y acervos bibliográficos de las escuelas, y formar y actualizar recursos humanos en la materia dentro de las escuelas públicas.

Sin embargo, cuánto de esto se cumple actualmente, es algo que la agenda nacional tiene pendiente difundir, pero sobre todo, ponderar en su presupuesto de egresos del próximo año.

“La información disponible acerca del aprovechamiento escolar (en lectura y matemáticas) muestra que, aunque se observan avances en los últimos años, en general los niveles de logro alcanzados en la educación primaria y secundaria están por debajo de lo que se espera que aprendan los alumnos que cursan estos niveles educativos”, explican las reglas de operación vigentes del Programa Nacional de Lectura, como una justificación para impulsar las competencias básicas de lectura y escritura en las escuelas. ¿No es razón suficiente para reforzar sus postulados con más recursos públicos?

Pero las justificaciones abundan, y no los resultados. Bueno sería saber si, a la fecha, otro programa semejante, el Programa Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura “México Lee”, aprobado el 13 de noviembre de 2008 por el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura, tiene ya avances de los 32 diagnósticos sobre fomento a la lectura y el libro; el diagnóstico de estrategias de fomento a partir de la sociedad civil; la segunda encuesta nacional de lectura; la segunda encuesta para el Plan Nacional de Lectura de la SEP; el primer censo-evaluación del Programa Nacional Salas de Lectura; el diagnóstico nacional de Bibliotecas Públicas; el Sistema para el registro del precio único del libro, y los convenios con medios de comunicación para difundir el fomento a la lectura y el libro y el respeto a los derechos de autor, que se propuso cumplir para este año y el siguiente.

Estamos hablando, pues, de dos documentos que a la letra suenan realizables. ¿Realmente se están logrando sus objetivos? Al tiempo.

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