Pesadilla municipálida

En días recientes, el poeta yucateco avecindado en Toluca Raúl Cáceres Carenzo me regaló su libro El sarcastiricón (IQC, 2001), que contiene un poema cuyo contenido indignó a más de un funcionario en 1980, cuando fue publicado en la revista Tribuna, en la ciudad de Toluca, Estado de México. Lo transcribo aquí, idénticamente a como se publicó, con mi gratitud a Raúl por el obsequio.

Pesadilla municipálida

Vivo en un municipium

extático, estático,

Marmóreo.

Un demonium (socrático)

con maligna sonrisa

vino a mí.

 

Soñé

que en un sexenio apático

y hostil para mi espíritu,

por mi destino errático,

atrapado me vi.

Un sexenio musical, escultórico,

versallesco, folklórico,

a su pesar semántico,

zoológico, astrológico,

preciosista, operístico,

trasvestista, monótono…

 

Y díjeme: Prospera

El humor involuntario:

O cultivo el cultivo

yucateco, o bien

—por mi honor

literario—

juro que a ningún

funcionario

ni al mismo

Patrimonium [1]

en serio tomaré.

 

¿Y si te invitan

—me tentaba

el demonium—

a un paseo turístico

por los montes nevados

que pintara Velasco?

Meditarelo, dije.

Naturaleza es madre

común, los hombres

y sus gobiernos, pasan.

La tierra y el hombre,

permanecen.

(más nos vale)

 

Además, recordé,

La sentencia popular

Nos advierte:

Toluca, buen gente,

no mata, nomás taranta,

quita cobija, echa barranca.

 

Respondió mi demonium:

Conozco otro proverbium más urbanum

Recientemente oído en el portalum.

Y recitó:

En Toluca

no hay teatro,

hay un circo cultural

y “discursis”.

Aquí mandé al demonio a este demonium

—por sangrón y eufemístico— ¡Eureka!

Continuaré yo solo el testimonium.

 

Ya la Décima Musa

es deidad oficial.

Estatua o calle

e incluso plazoleta,

en mármoles,

o en bronces,

recibe a diario chorros

de epítetos y, muda,

nada puede aclararnos

de su Primero sueño.

 

Altamirano sueña

desde su dura efigie

en los dorados años

del Instituto ínclito

—al que un poeta ubérrimo

dedicó un himno fúnebre—

y en la cumbre prínclita

de ese sueño, asevera,

con su semblante austero,

que cada día menos

nos merecemos

nuestro pasado augusto.

 

Junto a la clara sombra

de esas sombras clásicas,

aparecen plumas teñidas,

diputadas, jilgueros,

ditirambos mortíferos

agitando los sueños

de industriales típicos

y de otras bestias mínimas,

de probos comerciantes

y burgueses católicos.

 

Un director sinfónico

anuncia modelitos de coche

en la TV.

El santo Obispo pita y

se aglutinan:

poetisas, rotarios, dinosaurios,

jefes del agro, almidonados síndicos,

vitrálicos pintores, licenciados, gurús,

mayordomos, locutores, políticos

y otros seres y otras almas furiosas.

 

Florecen los preciosos ridículos:

exquisitas calacas, cacatúas curiosas,

malgas privilegiadas, municipales críticos,

y señoras, señoras, señoras y Señoras

—quiero decir, señores

que hacen el oficio de señoras:

una gorda, otras flacas,

una anciana, otra esdrújula,

chismosas o sutiles,

graves o descocadas:

impune muchedumbre de señoras.

 

Todas estas personas y animales

se juntan y mejoran, se tratatan

con el cacique en turno

y en familiar grupito reaparecen

en las primeras planas

de la prensa local.

 

Hasta el momento

(Oh, dioses

del universo indígena

y olímpicos espíritus

del humanismo helénico)

el luminoso Padre

Ángel María Garibay

ha escapado

a los fieeros mastines

del Patrimonium Cultural

Municipálidum.

 

No cantemos victoria:

La nueva “CIA” anuncia

su operación: Música y Músculo

para amagar América Latina.

La flamante Bizancio matlazinca

y Wall Street, aliados,

iniciarán su Imperio-Estético-Estentóreo

desde esta aldea lánguida.

Conquistarán primero a la Babel autóctona

con la OSEM [2], y después…

 

Desperté en este púntico

del toloache ingrávidum

que anoche me sirvieron

por té de manzanilla

en céntrico café,

clamando: No, no es cierto;

no puede ser. La Historia

(O de perdis, la histeria)

si alguna lección deja

a los mortales pálidos

es la simple conseja

ciudadana que alerta:

“Si un día el poderoso

Imperio de Roma

fue vencido

¡Por que jijos el PRI

Regional no ha de caer?”

 

Y recuerden señores:

Voz populi, voz dei.


[1] Patrimonio Cultural y Artístico del Estado de México. Dependencia oficial de la cultura en la época en que se escribió el texto.

[2] Orquesta Sinfónica del Estado de México.

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