Historia y biografía

Tengo en mis manos el delicado libro Juárez Bicentenario, editado por la Biblioteca Mexiquense en 2006 y compuesto por textos de distintos autores, poetas, ensayistas e historiadores. Ahí encontré una distinción entre historia y biografía, en voz de Mestrio Plutarco (56-120), evocado por el mexicano David Huerta (1949). Dice Plutarco:

“Las proezas más brillantes suelen callar sobre las verdaderas virtudes o vicios de las personas que las desplegaron. Una frase casual, en cambio, o un chiste, pueden revelar el carácter de un hombre más que una batalla sangrienta, el comando de grandes ejércitos o el cerco de ciudades. Cuando un pintor retratista se dispone a recrear su objeto, se concentra en la cara y la expresión de los ojos y atiende menos a las otras partes del cuerpo. Del mismo modo, mi propósito ha sido resaltar las acciones que iluminan los empeños del alma y crear así un retrato de la vida de cada hombre. Dejo a otros la historia de sus grandes batallas y logros.”

De esa premisa parte la más reciente cinta de Roman Polanski (1933), El escritor fantasma (2010), que relata las peripecias de un biógrafo en la búsqueda del retrato público más adecuado de su personaje, una celebridad en conflicto. La historia y la biografía se apegan a la verdad, es cierto, pero se distinguen no sólo en la elección de aquellos hechos a relatar, sino sobre todo en el peso específico que brindan a detalles intrascendentes de la historia del biografiado.

Esa zona especular y sutil en que consiste el devenir de la cotidianeidad fue bien explorada por Julio Cortázar (1914-1984) en Los autonautas de la cosmopista, crónica de un viaje de 33 días y continuación de una sólida tradición literaria que comienza, sí, en Plutarco.

El hechizo que una vida puede dejarnos puede depender, quizás, de esos detalles. En un momento de su vida, el héroe decide no avanzar hacia la ciudad de México. Cobardía, inseguridad, compulsión al fracaso, interpretan sus exégetas. Nadie lo sabe con certeza. “A fin de cuentas, ¿qué sabemos de un hombre? Acaso un lugar y dos o tres fechas, nada más”, nos recuerda Jorge Luis Borges.

La biografía literaria navega, pues, a contracorriente de la historia general, así sea novelada. No acepta la pontificación de las virtudes si el ejercicio de éstas no concuerda con la psique del personaje. Expresión de la microhistoria, la biografía es la culminación de un precepto ideal: todo lo sabemos entre todos.

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