¿Quién creó a los creadores?

La pregunta es formulada por Néstor García Canclini (1939) en el libro Arte contemporáneo latinoamericano, editado por la entonces llamada Escuela de Artes de la UAEM (hoy Facultad de Artes) en diciembre de 2006, para situar lo que él llama “el vasto desmontaje de las creencias sobre la originalidad de los artistas”, una explicación que proviene del sociólogo francés Pierre Bourdieu (1930–2002).

El tema es relevante, pues subvierte las convenciones “románticas” de la importancia del autor de una obra de arte, para colocar en primer término el habitus del productor: aquel “conjunto de influencias y disposiciones que lo configuran como sujeto social (familia, escuela, contactos profesionales) a través de las demandas y limitaciones fijadas por la posición que ocupa en un campo determinado, más o menos autónomo, de producción”.

La teoría de Bourdieu sirve a García Canclini como detonador de su reflexión acerca del sistema artístico mundial, basado en mitos y creencias que preservan la figura del artista como el único, el más importante, el imprescindible. “El yo ha dejado de ser un estandarte para ser un matiz”, concluye el argentino tras citar a su compatriota Alan Pauls (1959). No se crea, sin embargo, que su conclusión es un dogma de fe; es en cambio una nueva pregunta sobre la existencia del artista como un sujeto social cualquiera: ¿“cómo reconstruir lo social para que la necesidad de ser sujetos con los otros no sea asfixiada por la política ni banalizada por el comercio”?

El libro Arte contemporáneo latinoamericano contiene ésta y otras preguntas acerca del quehacer artístico actual, además recoge el testimonio de los propios artistas, en una conjunción de experiencia práctica y teoría artística, fundamental para entender el arte de nuestro tiempo. Basada en las ponencias leídas durante el Tercer Foro Internacional de Artes Visuales celebrado en noviembre de 2004 —y cuyo tema fue el título del libro que hoy nos ocupa—, la reciente publicación compilada por el artista colombiano Álvaro Villalobos (1963) reúne el pensamiento de 24 creadores artísticos e intelectuales de alta escuela, como Tania Aedo, Carlos Blas Galindo y Maris Bustamante, al lado de jóvenes creadores como Tania Bruguera, César Martínez, Taiyana Pimentel y Lorena Wolffer.

Con esta publicación, la Facultad de Artes inauguró una biblioteca que se ha ido enriqueciendo notablemente, y que constituye un espacio privilegiado para la reflexión artística y la práctica estética, una vertiente necesaria de la Universidad Autónoma del Estado de México.

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