Por Idea

•28 Abril 2009 • 9 comentarios

Lo recuerdo muy bien. Era una tarde de finales de octubre de 1987 cuando leí por primera vez un poema de Idea Vilariño; se titulaba “Ya no”.

 

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.

 

Conocí éste y otros poemas de Idea Vilariño (1920) por la generosidad de Susana Crelis Secco, quien ahora debe de estar muy triste por la muerte de Idea. Eran amigas cercanas. Susana dedicó un extraordinario análisis a la relación entre la poesía y la identidad de Idea, que le valió el Premio Nacional de Ensayo “José Revueltas” en 1988.

 

Ahora hojeo ese trabajo publicado por la UNAM y me conmueve recordar los días en que, loco por esa fiebre que da leer poemas entrañables e íntimos, sólo quería conocer a la poeta uruguaya, quien murió hoy.

 

Descansa en paz, Idea. Tu obra permanece a nuestro lado.

Ventas y libros digitales en México

•19 Abril 2009 • 1 comentario

 

Es recurrente la preocupación de los editores españoles sobre el futuro del libro impreso frente al avance de las tecnologías digitales y los soportes electrónicos, según se desprende del libro digital de distribución gratuita Del 1.0 al 2.0. Claves para entender el nuevo marketing (se puede bajar aquí), coordinado por Eva Sanagustín.

 

No se trata sólo de tener una nueva actitud frente al auge de los e-books. Para los editores que son impresores, la conversión tecnológica implica formularse un nuevo modelo de negocio; por ejemplo, pasar de las ventas físicas a las virtuales. En México, la venta de libros por medios digitales es aún incipiente, pues representa menos de 4.1% —que engloba el concepto “Otros canales”— del volumen total de 147 millones de libros publicados por el sector privado y vendidos en el año 2007, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.

 

Ese nuevo modelo que incluye la venta de libros en formato digital y por medios digitales implica también transformar los sistemas administrativos, de distribución y de comunicación editores-lectores al orden de competitividad internacional, y consolidar la gestión de la propiedad intelectual, con un marco legal nacional insuficiente como el que tenemos en México.

 

Estos son sólo algunos aspectos de la conversión tecnológica de la venta de libros, en especial aquellos que ya no son impresos. Se incrementa la lectura de libros digitales, gracias a los agentes intermediarios que la promueven en buscadores, redes sociales y blogs (hubo 133 millones de blogs en 2008, de acuerdo con Technorati). Aumenta el número de sitios para descarga de libros y el número de opciones para leerlos en teléfonos celulares, PDA y agendas electrónicas.

 

Éste quizás no deba ser un problema ahora para los editores mexicanos, que aún confían en que los tirajes de mil a tres mil ejemplares impresos de sus novedades lograrán colocarse en las librerías del país con mayor venta, más aún si tienen el respaldo del precio único del libro y la ley en la materia.

 

Pero si la industria editorial está cambiando en España, Argentina y otros países de habla española, ¿valdría la pena considerar su discusión en México? Al tiempo.

Vicente Gandía

•12 Marzo 2009 • 5 comentarios

De Vicente Gandía, tomado del diario La Jornada

De Vicente Gandía, tomado del diario La Jornada

Hay pintores a los que la humanidad debe algo, ya sea una mirada nueva sobre las cosas, ya sea una combinación compositiva que renueva nuestro punto de vista sobre el fragor del mundo. A Vicente Gandía (1935-2009) debo una luz particular. Una luz mediterránea, escribió Javier García-Galiano, para aludir a la infancia de Gandía en Valencia, España.

Para mí, la luz que transmite la obra de Vicente Gandía es más que una luz: es la alegría de vivir. En las pocas ocasiones que estuve en su casa, a invitación del poeta Guillermo Fernández, pude constatar que el pintor era, sobre todo, un ser que irradiaba generosidad y lucidez, que hacía sonar sus opiniones en medio de la sala, para implantar otra vez y mil veces más su punto de vista, debatible, polémico, valiente.

Quizás por eso, en ese hogar espacioso y blanco que llevaba el nombre de un capítulo de su infancia, Vicente Gandía recibía a los artistas e intelectuales de nuestro México: allí escuché cantar en tono menor a Carlos Montemayor, discutir a Vicente Quirarte, Jorge Esquinca, Miriam Moscona y Humberto Musacchio sobre los términos de una traducción, beber de un vaso de silencio al ex comunista Rolando Cordera, mientras Vicente Gandía —el joven abuelo de todos, por su sabiduría— los observa en un momento de reposo.

La vida es un camino que se recorre a pie, bajo la luz del sol. En la tarde del pasado viernes 6 de marzo de 2009 murió el pintor Vicente Gandía en su casa de Cuernavaca, Morelos. Descanse en paz el maestro de la luz, a quien siempre recordaremos.